Ф M 2

INSTITUTO OSCAR MASOTTA

DELEGACION COMODORO RIVADAVIA

INTERLOCUTOR: EDUARDO BENITO

Coordinador local:

Silvia Nuñez


ConVERsAcioNES: Gerardo Arenas

Desde la Biblioteca del IOM2 de la Delegación Comodoro Rivadavia, este año se inició un ciclo de encuentros con representantes de diversas disciplinas, con las cuales el psicoanálisis puede establecer un dialogo, artistas, filósofos, etc. y que hemos denominado "ConVERsacioNES" 
Decidimos tomar algo de ese ciclo y trasladar un par de preguntas a cada uno de los entrevistados para ubicar la singularidad del encuentro con el psicoanálisis.
Las preguntas  fueron realizadas en forma personal,  por mail, por Facebook , etc.
Iremos publicando por este medio todos los domingos las respuestas de: Gerardo Arenas, Celeste Viñal, Osvaldo Delgado, Mónica Torres,  Adriana Testa, Patricio Álvarez Bayon, Graciela Esperanza, Darío Galante, etc.
Seguiremos realizando estas preguntas a distintos psicoanalistas y publicándolas en este Blog. 

 Alejo Recalde y Sebastián Núñez




¿Cómo fue tu encuentro con el psicoanálisis?

- Mi encuentro con el psicoanálisis no fue uno, sino múltiple: primero como lector, después como analizante, y finalmente como analista.
Por lo poco que sobre el tema hablaban o leían mis allegados, y debido a mi vocación científica y a mi gusto por la lógica, yo prejuzgaba que el psicoanálisis era un capítulo de la psicología y que ésta era una pseudociencia. Pero a mis diecisiete años, en cierta ocasión social, un analista a quien no conocía se mostró interesado por un libro que yo estaba leyendo, las Obras completas de Gödel, y me pidió que le diera clases al respecto. Sorprendido por enterarme de que mi amada lógica podría tener conexión con el repudiado psicoanálisis, y mordido por la curiosidad, le hice una contrapropuesta: que, en vez de pagarme, me enseñara en qué se vinculaban el psicoanálisis y la lógica. El intercambio iba a durar años, y comenzó por la lectura de “Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano”, de Lacan, que, además de tener lógica, oponía tajantemente el psicoanálisis a la psicología. Esto conmovió mi prejuicio. Me lancé a la lectura de Lacan y de Freud.
Un año después comencé a analizarme. Nervioso, en la primera entrevista, antes de tomar asiento dije: “Vengo porque tengo un problema”. De inmediato recibí la réplica: “¿Un problema? ¡Entonces esto será pan comido!”. El peso que allí tomaba la palabra me impactó de entrada. Esto es cosa seria, me dije. Ése fue mi segundo encuentro con el psicoanálisis. Mientras proseguía mi carrera científica, multipliqué mi participación en grupos de estudio de psicoanálisis e incluso en jornadas nacionales y encuentros internacionales de instituciones lacanianas, sin que eso me llevara, jamás, a considerar la posibilidad de dedicarme a eso. No dejaba de ser, para mí, un hobby intelectual.
Sin embargo, cinco años después acepté la oferta de trabajar como analista en un poblado hospital neuropsiquiátrico. Ocho años de dictadura militar lo habían vaciado de profesionales, y mi interés teórico por las psicosis pesó, para el jefe de servicio, más que mi falta de título habilitante. Llegué al hospital movido por una mera curiosidad; pero, al concluir la primera entrevista con mi primera paciente, supe que a eso iba a dedicar mi vida. Ese tercer encuentro fue el definitivo.

¿Podes nombrar dos o tres libros que hayan marcado tu vida?

- Para ser justo, debería nombrar cinco. Los presentaré por orden cronológico, y diré dos palabras acerca del efecto que causaron en mí. El primero fue Introducción a la lógica de Irving Copi, que comencé a leer con pasión en 1975. De no haber sido por el interés que despertó en mí, quizá nunca me habría acercado al psicoanálisis. Un año después leí La física, aventura del pensamiento, de Albert Einstein y Leopold Infeld, que despertó mi duradera vocación científica. En 1978, la lectura de los Escritos de Jacques Lacan fue mi puerta de entrada al psicoanálisis. En 1981 leí las Memorias de un enfermo nervioso, de Daniel Paul Schreber, origen de ese interés por las psicosis que me condujo a la clínica psicoanalítica. Por último, mi encuentro con Los signos del goce de Jacques-Alain Miller me dejó, en 1998, una pregunta que orientó mi propio programa de trabajo hasta la actualidad.


No hay comentarios:

Publicar un comentario