Ф M 2

INSTITUTO OSCAR MASOTTA

DELEGACION COMODORO RIVADAVIA

INTERLOCUTOR: EDUARDO BENITO

Coordinador local:

Silvia Nuñez


ConVERsAcioNES: Celeste Viñal

Desde la Biblioteca del IOM2 de la Delegación Comodoro Rivadavia, este año se inició un ciclo de encuentros con representantes de diversas disciplinas, con las cuales el psicoanálisis puede establecer un dialogo, artistas, filósofos, etc. y que hemos denominado "ConVERsacioNES" Decidimos tomar algo de ese ciclo y trasladar un par de preguntas a cada uno de los entrevistados para ubicar la singularidad del encuentro con el psicoanálisis.Las preguntas  fueron realizadas en forma personal,  por mail, por Facebook , etc.Iremos publicando por este medio todos los domingos las respuestas de: Gerardo Arenas, Celeste Viñal, Osvaldo Delgado, Mónica Torres,  Adriana Testa, Patricio Álvarez Bayon, Graciela Esperanza, Darío Galante, etc.Seguiremos realizando estas preguntas a distintos psicoanalistas y publicándolas en este Blog. 



 Alejo Recalde y Sebastián Núñez


A.R. ¿Cómo fue tu encuentro con el psicoanálisis?

Celeste Viñal: Cursaba sin ningún interés la materia Psicología en el CBC de la UBA sólo como requisito para empezar otra carrera, cuando una docente puso un ejemplo sencillo ante esa multitud de alumnos que habían florecido en aquella la primavera alfonsinista: "Martita no tiene suerte con los novios, dicen las amigas. Con Fulano le fue mal porque es muy malo, con Mengano porque es infiel, con Zutano porque la abandonó. Pobre Martita! Ellas dicen eso, pero nosotros con el psicoanálisis nos preguntamos... y Martita? Qué tiene que ver Martita con lo que le pasa?"
Relámpago. Hasta ese momento la alienación al discurso familiar había dado el convencimiento de que el destino, el azar o los otros eran los responsables de las desgracias y los padecimientos.
En segundos comprendí que si uno tenía cierta relación con lo que le ocurría también podría modificarlo.
Volviendo a mi casa decidí cambiar de carrera.
Fue así como el concepto de implicación subjetiva, que descubrí a los 18 años, realizó un viraje personal que me terminó vinculando al psicoanálisis hasta hoy.
Gracias profesora anónima, gracias Martita!

A.R: ¿Podes nombrar cuales libros han marcado tu vida?

C.V.: Qué pregunta difícil! Qué entusiasmo por contestarla!
Muchos libros fueron importantes para mi vida y me modificaron. La lectura fue una actividad que me sostuvo en los avatares de la infancia y signó un lazo libidinal perdurable con los libros.
Puesta a elegir diré que el primero fue el libro de lectura Upa! de Constancio Vigil.
Me permitió aprender a leer muy precozmente, en la soledad de mi empecinamiento por escapar del duelo y de paso entender qué relación ligaba letras, sonidos e imágenes. Quería comprender, algo.
Papaíto piernas largas, de Jean Webster. La bildungsroman de una huérfana me vino como anillo al dedo para soñar con que existía la posibilidad de redimirse a través del saber y del amor. Claramente fue una brújula que nunca solté.
Para asustarme lo buscaba a Poe y le sacaba lustre a mis primeros rasgos fóbicos con El tonel del amontillado.
Pero Aída Bortnik me calmaba.

En la adolescencia haría todo el recorrido ochentoso por los escritores latinoamericanos, algunos franceses y varios españoles de la guerra civil. Lectura fechada a una democracia incipiente y fértil para orientar la relación a los ideales.
De aquellos recorridos la excepción fue Borges. Un mundo aparte que me internó en los laberintos tanto como en el disfrute de la lógica como herramienta imprescindible del pensamiento.
Pizarnik fue un hallazgo intermedio. La encontré justo en la salida de la adolescencia y tradujo con toda precisión los dolores de la existencia y el amor trágico.
Sangré sus poemas uno a uno hasta aprenderlos de memoria y que fueran la piel que cubría la carne dolorida. Ponía en palabras que me eran más cercanas la tradición dramática del gusto de mi madre por la ópera.
Vinieron también poetas de muchos lugares a acompañar las noches: Dylan y sus whiskys, la magia de Orozco. Infaltables Rimbaud, Artaud, Girondo, Leopardi, Vallejo, Pessoa.

Ya en la juventud plena y hasta el día de hoy tengo la dicha de que mis varios de mis amigos se dediquen a las letras. Ellos van balizando mi ignorancia con sugerencias maravillosas.
Debo confesar que no todas me gustaron, pero que con todas aprendí algo.
En la universidad me encontré con el libro que señalaría mi camino pulsional en la profesión Lecciones de introducción al psicoanálisis de Oscar Masotta. Y ya no volví.

Freud me enamoró por su manera de escribir combinada con esa lógica precisa que me había anticipado Borges.
Y Lacan aparecía como quien decía lo que siempre, de un modo extraño, hubiese sabido por mis lecturas. Era la poesía y la lógica. Mostraba con todo rigor el valor de la palabra y su íntima relación al goce.
 J-A Miller fue quien me los explicó a todos, partiendo del Upa! con su transmisión elucidada.
Si tuviese que elegir algunos libros de la literatura adulta sería injusta pero voy a nombrar los que espontáneamente vienen a mi cabeza como habiéndome producido algo inclusive corporal en su lectura, fascinación, entrega, no poder dormir para leer una página más.
Viaje al fin de la noche, de Louis Ferdinand Céline. Topadora desde todo lugar posible.
Lo bello y lo triste de Kawabata que me llevó a Mishima y de él a Akutagawa y a Kobo Abe que me introdujeron en un mundo aparte.
Matadero 5 de Vonnegut fue la locura escrita que me mantuvo una noche sin dormir.
De mis contemporáneos me conmovieron de muy distintas maneras Salón de belleza de Mario Bellatin, Bajo este sol tremendo de Carlos Busqued y Un final feliz de Gabriela Liffschitz. 

" Si te dejan hablar no te matan" me decía mi abuela y un poco es verdad. Si me dejan leer, tampoco. 

Muchas Gracias Celeste

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