Ф M 2

INSTITUTO OSCAR MASOTTA

DELEGACION COMODORO RIVADAVIA

INTERLOCUTORA: DIANA CAMPOLONGO

COORDINADORES LOCALES: Mario Korman, José Luís Tuñón

Taller de Lectura 29-8-14

Este viernes a las 18hs. en el Aula de del Mueso ferroportuario se realizar el taller de lectura en base a la clase brindada por Diana Campolongo.

Tambien les recordamos que a las 20hs en el CEPTur (Moreno e Yrigoyen) se realiza la segunda Noche de Bibliotecas.

Los Esperamos .

ConVERsAcioNES: Celeste Viñal

Desde la Biblioteca del IOM2 de la Delegación Comodoro Rivadavia, este año se inició un ciclo de encuentros con representantes de diversas disciplinas, con las cuales el psicoanálisis puede establecer un dialogo, artistas, filósofos, etc. y que hemos denominado "ConVERsacioNES" Decidimos tomar algo de ese ciclo y trasladar un par de preguntas a cada uno de los entrevistados para ubicar la singularidad del encuentro con el psicoanálisis.Las preguntas  fueron realizadas en forma personal,  por mail, por Facebook , etc.Iremos publicando por este medio todos los domingos las respuestas de: Gerardo Arenas, Celeste Viñal, Osvaldo Delgado, Mónica Torres,  Adriana Testa, Patricio Álvarez Bayon, Graciela Esperanza, Darío Galante, etc.Seguiremos realizando estas preguntas a distintos psicoanalistas y publicándolas en este Blog. 



 Alejo Recalde y Sebastián Núñez


A.R. ¿Cómo fue tu encuentro con el psicoanálisis?

Celeste Viñal: Cursaba sin ningún interés la materia Psicología en el CBC de la UBA sólo como requisito para empezar otra carrera, cuando una docente puso un ejemplo sencillo ante esa multitud de alumnos que habían florecido en aquella la primavera alfonsinista: "Martita no tiene suerte con los novios, dicen las amigas. Con Fulano le fue mal porque es muy malo, con Mengano porque es infiel, con Zutano porque la abandonó. Pobre Martita! Ellas dicen eso, pero nosotros con el psicoanálisis nos preguntamos... y Martita? Qué tiene que ver Martita con lo que le pasa?"
Relámpago. Hasta ese momento la alienación al discurso familiar había dado el convencimiento de que el destino, el azar o los otros eran los responsables de las desgracias y los padecimientos.
En segundos comprendí que si uno tenía cierta relación con lo que le ocurría también podría modificarlo.
Volviendo a mi casa decidí cambiar de carrera.
Fue así como el concepto de implicación subjetiva, que descubrí a los 18 años, realizó un viraje personal que me terminó vinculando al psicoanálisis hasta hoy.
Gracias profesora anónima, gracias Martita!

A.R: ¿Podes nombrar cuales libros han marcado tu vida?

C.V.: Qué pregunta difícil! Qué entusiasmo por contestarla!
Muchos libros fueron importantes para mi vida y me modificaron. La lectura fue una actividad que me sostuvo en los avatares de la infancia y signó un lazo libidinal perdurable con los libros.
Puesta a elegir diré que el primero fue el libro de lectura Upa! de Constancio Vigil.
Me permitió aprender a leer muy precozmente, en la soledad de mi empecinamiento por escapar del duelo y de paso entender qué relación ligaba letras, sonidos e imágenes. Quería comprender, algo.
Papaíto piernas largas, de Jean Webster. La bildungsroman de una huérfana me vino como anillo al dedo para soñar con que existía la posibilidad de redimirse a través del saber y del amor. Claramente fue una brújula que nunca solté.
Para asustarme lo buscaba a Poe y le sacaba lustre a mis primeros rasgos fóbicos con El tonel del amontillado.
Pero Aída Bortnik me calmaba.

En la adolescencia haría todo el recorrido ochentoso por los escritores latinoamericanos, algunos franceses y varios españoles de la guerra civil. Lectura fechada a una democracia incipiente y fértil para orientar la relación a los ideales.
De aquellos recorridos la excepción fue Borges. Un mundo aparte que me internó en los laberintos tanto como en el disfrute de la lógica como herramienta imprescindible del pensamiento.
Pizarnik fue un hallazgo intermedio. La encontré justo en la salida de la adolescencia y tradujo con toda precisión los dolores de la existencia y el amor trágico.
Sangré sus poemas uno a uno hasta aprenderlos de memoria y que fueran la piel que cubría la carne dolorida. Ponía en palabras que me eran más cercanas la tradición dramática del gusto de mi madre por la ópera.
Vinieron también poetas de muchos lugares a acompañar las noches: Dylan y sus whiskys, la magia de Orozco. Infaltables Rimbaud, Artaud, Girondo, Leopardi, Vallejo, Pessoa.

Ya en la juventud plena y hasta el día de hoy tengo la dicha de que mis varios de mis amigos se dediquen a las letras. Ellos van balizando mi ignorancia con sugerencias maravillosas.
Debo confesar que no todas me gustaron, pero que con todas aprendí algo.
En la universidad me encontré con el libro que señalaría mi camino pulsional en la profesión Lecciones de introducción al psicoanálisis de Oscar Masotta. Y ya no volví.

Freud me enamoró por su manera de escribir combinada con esa lógica precisa que me había anticipado Borges.
Y Lacan aparecía como quien decía lo que siempre, de un modo extraño, hubiese sabido por mis lecturas. Era la poesía y la lógica. Mostraba con todo rigor el valor de la palabra y su íntima relación al goce.
 J-A Miller fue quien me los explicó a todos, partiendo del Upa! con su transmisión elucidada.
Si tuviese que elegir algunos libros de la literatura adulta sería injusta pero voy a nombrar los que espontáneamente vienen a mi cabeza como habiéndome producido algo inclusive corporal en su lectura, fascinación, entrega, no poder dormir para leer una página más.
Viaje al fin de la noche, de Louis Ferdinand Céline. Topadora desde todo lugar posible.
Lo bello y lo triste de Kawabata que me llevó a Mishima y de él a Akutagawa y a Kobo Abe que me introdujeron en un mundo aparte.
Matadero 5 de Vonnegut fue la locura escrita que me mantuvo una noche sin dormir.
De mis contemporáneos me conmovieron de muy distintas maneras Salón de belleza de Mario Bellatin, Bajo este sol tremendo de Carlos Busqued y Un final feliz de Gabriela Liffschitz. 

" Si te dejan hablar no te matan" me decía mi abuela y un poco es verdad. Si me dejan leer, tampoco. 

Muchas Gracias Celeste

actividad viernes 22 de Agosto

El viernes a las 18 hs. se realizará la 4ta clase del seminario anual del IOM2 de Comodoro Rivadavia.
en el Aula del Museo Ferroportuario. Los Esperamos

ConVERsAcioNES: Gerardo Arenas

Desde la Biblioteca del IOM2 de la Delegación Comodoro Rivadavia, este año se inició un ciclo de encuentros con representantes de diversas disciplinas, con las cuales el psicoanálisis puede establecer un dialogo, artistas, filósofos, etc. y que hemos denominado "ConVERsacioNES" 
Decidimos tomar algo de ese ciclo y trasladar un par de preguntas a cada uno de los entrevistados para ubicar la singularidad del encuentro con el psicoanálisis.
Las preguntas  fueron realizadas en forma personal,  por mail, por Facebook , etc.
Iremos publicando por este medio todos los domingos las respuestas de: Gerardo Arenas, Celeste Viñal, Osvaldo Delgado, Mónica Torres,  Adriana Testa, Patricio Álvarez Bayon, Graciela Esperanza, Darío Galante, etc.
Seguiremos realizando estas preguntas a distintos psicoanalistas y publicándolas en este Blog. 

 Alejo Recalde y Sebastián Núñez




¿Cómo fue tu encuentro con el psicoanálisis?

- Mi encuentro con el psicoanálisis no fue uno, sino múltiple: primero como lector, después como analizante, y finalmente como analista.
Por lo poco que sobre el tema hablaban o leían mis allegados, y debido a mi vocación científica y a mi gusto por la lógica, yo prejuzgaba que el psicoanálisis era un capítulo de la psicología y que ésta era una pseudociencia. Pero a mis diecisiete años, en cierta ocasión social, un analista a quien no conocía se mostró interesado por un libro que yo estaba leyendo, las Obras completas de Gödel, y me pidió que le diera clases al respecto. Sorprendido por enterarme de que mi amada lógica podría tener conexión con el repudiado psicoanálisis, y mordido por la curiosidad, le hice una contrapropuesta: que, en vez de pagarme, me enseñara en qué se vinculaban el psicoanálisis y la lógica. El intercambio iba a durar años, y comenzó por la lectura de “Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano”, de Lacan, que, además de tener lógica, oponía tajantemente el psicoanálisis a la psicología. Esto conmovió mi prejuicio. Me lancé a la lectura de Lacan y de Freud.
Un año después comencé a analizarme. Nervioso, en la primera entrevista, antes de tomar asiento dije: “Vengo porque tengo un problema”. De inmediato recibí la réplica: “¿Un problema? ¡Entonces esto será pan comido!”. El peso que allí tomaba la palabra me impactó de entrada. Esto es cosa seria, me dije. Ése fue mi segundo encuentro con el psicoanálisis. Mientras proseguía mi carrera científica, multipliqué mi participación en grupos de estudio de psicoanálisis e incluso en jornadas nacionales y encuentros internacionales de instituciones lacanianas, sin que eso me llevara, jamás, a considerar la posibilidad de dedicarme a eso. No dejaba de ser, para mí, un hobby intelectual.
Sin embargo, cinco años después acepté la oferta de trabajar como analista en un poblado hospital neuropsiquiátrico. Ocho años de dictadura militar lo habían vaciado de profesionales, y mi interés teórico por las psicosis pesó, para el jefe de servicio, más que mi falta de título habilitante. Llegué al hospital movido por una mera curiosidad; pero, al concluir la primera entrevista con mi primera paciente, supe que a eso iba a dedicar mi vida. Ese tercer encuentro fue el definitivo.

¿Podes nombrar dos o tres libros que hayan marcado tu vida?

- Para ser justo, debería nombrar cinco. Los presentaré por orden cronológico, y diré dos palabras acerca del efecto que causaron en mí. El primero fue Introducción a la lógica de Irving Copi, que comencé a leer con pasión en 1975. De no haber sido por el interés que despertó en mí, quizá nunca me habría acercado al psicoanálisis. Un año después leí La física, aventura del pensamiento, de Albert Einstein y Leopold Infeld, que despertó mi duradera vocación científica. En 1978, la lectura de los Escritos de Jacques Lacan fue mi puerta de entrada al psicoanálisis. En 1981 leí las Memorias de un enfermo nervioso, de Daniel Paul Schreber, origen de ese interés por las psicosis que me condujo a la clínica psicoanalítica. Por último, mi encuentro con Los signos del goce de Jacques-Alain Miller me dejó, en 1998, una pregunta que orientó mi propio programa de trabajo hasta la actualidad.


Taller de lectura



El viernes 15 de agosto a las 18hs. será el taller de lectura, donde se trabajara el Cap. 9 "La Verdad Mentirosa" de JAMiller, del libro "Sutilezas Analiticas"
18hs en el aula del Moseo Ferroportuario.

Puntuacion a Cargo de Graciela Hernandez y Cintia Mamaní. Responsable del Taller de Lectura Lucio Covatti

Los Esperamos

viernes 8-8-14



Este Viernes se realizará el Taller Clínico con una presentación a cargo de Alejandra Maglione, será a las 18hs. en el Aula de Museo Ferroportuario.

Los Esperamos